Conil de la Frontera, pueblo blanco entre mar y pinares, es enclave fenicio, pueblo que ideó las almadrabas entre el 1200 al 1150 a. C. Romanos y visigodos aprovecharon su buena situación pesquera para mantener un importante puerto, antes de que la conquista mora le hiciera depender de Vejer de la Frontera. Luego, Alfonso X el Sabio permitió continuar en el pueblo a los musulmanes.

Catorce kilómetros de litoral, con playas como El Puerco y Las Fontanillas, adornan una larga tradición alfarera que ofrece cántaros o macetas de barro blanco y rojo, decorados con incisión o por la aplicación de argollas. Y la gastronomía, conjuga los productos del mar con los de la huerta, con platos como pescado en amarillo, arroz con cardillos, pescado en blanco, guiso de coles y berza